Las virtudes, según los textos morales y filosóficos, son las características centrales del carácter. Se trata de valores universales que resultan más fácilmente percibibles a través de la personificación cotidiana de un individuo. C.S. Lewis se refiere a las virtudes como componentes esenciales de la moralidad y las asemeja a la evidente perseverancia en aplicar acciones hasta que se conviertan en una cierta calidad de carácter. En este sentido, son aquellas calidades continuamente manifestadas en el actuar diario de un individuo, no acciones aisladas y esporádicas. Según Lewis, existen cuatro virtudes cardinales y tres virtudes teologales. Las virtudes cardinales, aquellas que todas las personas reconocen, reciben ese nombre porque sirven de “eje” o “pivote”. Proviene de la palabra latina que significa “gozne de una puerta”. Dichas virtudes cardinales son:
- Prudencia: sentido común, práctico, tomarse el trabajo de pensar en lo que se está haciendo y el resultado probable de ello.
- Temperancia: Se refiere al disfrute de los placeres con medida, con miras al beneficio personal o colectivo.
- Justicia: El nombre de todo lo que llamamos “juego limpio”; incluye honradez, reciprocidad, confianza, cumplimiento de promesas, y todo eso.
- Fortaleza: Esta incluye dos clases de valor: la que se enfrenta al peligro y la que sostiene en la hora del dolor. “Agallas” quizás lo defina mejor.
Es hora de buscar pautas de conexión entre estas virtudes y el liderazgo. ¿Posee usted estas virtudes? ¿Está interesado en desarrollarlas? ¿Ve usted necesidad y/o beneficios de crear culturas organizacionales en torno a estas virtudes? Es quizás esta reflexión la que nos lleve a volver a los postulados morales más esenciales para capturar la esencia de la demanda del mundo actual para el liderazgo. Un liderazgo lleno de estas virtudes.
A handbook and classification. Tomado de Internet el 02/06/2009 de http://spanish.authentichappiness.org/Default.asp
Lewis, C.S. (1977) Mere Christianity. Editorial Caribe. Miami, Fl.





