Uno de los aspectos más únicos y transformadores del coaching es su creencia fundamental en el potencial humano. Otros enfoques ayudan a las personas abordando déficits, limitaciones o disfunciones; sin embargo, el coaching comienza con una condición necesaria y una suposición radicalmente esperanzadora: las personas son capaces.
Este principio queda bellamente capturado en el libro Co-Active Coaching, donde el principio subyacente de los autores es «que las personas son, por su propia naturaleza, creativas, ingeniosas y completas. Son capaces de encontrar respuestas; capaces de elegir; capaces de actuar; capaces de recuperarse cuando las cosas no salen como planean; y, especialmente, capaces de aprender.»
En otras palabras, el coaching asume que las personas ya poseen la capacidad interna para crecer, resolver problemas, tomar decisiones y aprender de sus experiencias. El papel del coach no es «arreglar» a las personas, sino ayudarles a descubrir y activar las fortalezas y la sabiduría que ya existen en ellas.
Esta perspectiva distingue el coaching de las disciplinas que, sin querer, pueden considerar a las personas principalmente como rotas, dependientes o incapaces, sin intervención experta. El coaching ciertamente reconoce desafíos, contratiempos y áreas de desarrollo, pero se niega a reducir a las personas a sus debilidades. En cambio, invita a las personas a la conciencia, la responsabilidad, la reflexión y la acción con propósito.
La presunción de que un cliente es capaz cambia por completo la dinámica del liderazgo y el desarrollo personal. Crea dignidad, confianza y empoderamiento. Cuando se trata a las personas como capaces, a menudo empiezan a ver en sí mismas posibilidades que antes habían olvidado o nunca habían reconocido.
En esencia, hacer coaching es un acto de fe. Transmite un mensaje poderoso: no estás vacío, indefenso ni sin rumbo. Fuiste creado con una naturaleza creativa. Eres ingenioso. Eres capaz de aprender, adaptarte y avanzar. A veces, lo que más necesitan es a alguien que crea eso con ellos antes de creerlo del todo.
Para reflexionar: ¿Qué podría cambiar en tu liderazgo, relaciones u organización si, intencionadamente, empezaras a ver a las personas no como problemas que hay que solucionar, sino como individuos capaces que esperan ser empoderados?





